Para que me ubiques rápido, podría decirte que soy periodista, fotógrafo, comunicador, o simplemente que me pongo a tus órdenes para ayudarte con tu comunicación y con tu marca. Pero muy probablemente te quedarías con una idea incompleta de mí.

Decir que empecé como poeta sería arrogante y exagerado; la poesía es un umbral muy alto, quizá el más alto para los artistas de la palabra. Pero tampoco sería falso: ahí nació mi curiosidad por el lenguaje, al intentar factorizar en ritmo, fonemas y letras una emoción, una sensación, una situación, algún pedazo de mi vida.

Esa curiosidad me llevó de la poesía a la plástica, a la arquitectura, al diseño, a la fotografía y al periodismo. Después vinieron la televisión, la radio y la prensa escrita. Más tarde, la comunicación institucional para organizaciones humanitarias y de alcance global, donde tuve mis primeros retos cuidando marcas con proyección internacional.

Hace diez años me mudé a Francia. Aprendí el idioma mientras criaba a mis hijos y colaboré en un mundo más comercial, donde el marketing digital, el diseño, la IA y el branding eran parte del día a día. Fue un tiempo de aprendizaje y de capacidad de adaptarse.

Hoy, con otra perspectiva, con bastante camino recorrido y una visión del mundo más amplia, tengo algo claro: la experiencia era relevante cuando el pasado se parecía al futuro. Frente a la espiral tecnológica, son más relevantes la curiosidad, la capacidad de adaptarse y, sobre todo, el criterio.

Por eso estoy aquí, con visión de futuro, con un pie en el suelo de mi historia y las nuevas tecnologías en las manos, creando herramientas y servicios que ayuden a mantener el criterio, la voz, la identidad y la coherencia.